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En un espacio moderno y funcional -le han lavado la cara brevemente a donde antes estuvo Palo verde-, Trü será sin duda una de las aperturas más sonadas de este año: carta corta de recetas de cocina catalana en versión tapa y platillo (para compartir) pasadas por la mirada personal Artur Martínez que aún da vueltas a la reapertura de su Aürt. En esta nueva aventura le acompañan como socios Marc Cano y Pol Ruiz, manos izquierda y derecha de Martínez en el Hotel Hilton Diagonal Mar. Encontraréis un trinxat de La Cerdanya hecho gofre -con sus bordes caramelizados y dorados, una blanqueta de col y ralladura de trufa por todo el adoquinado-, una truita amb suc que está totalmente bañada de salsa capipota y brochetas rectangulares tan gustosas como contundentes; como la de fricandó de lengua o la de pilota de escudella. Entre los segundos, unas impecables mollejas a la brasa con achicoria y collejas (planta silvestre ideal como salteado) y un arrocito cremoso con mantecado perfecto de pollo a l’ast con las especias de El Buen gusto, la tasca y rostisseria con el que el chef vallesano dio continuidad al negocio que abrieron sus abuelos en 1952.
Mínima intervención, pequeño productor, biodinámica y con algunos clásicos de bodegas reconocidas es la carta vínica que también incorpora los vermuts de garnacha vermella (negro y rojo) que Artur Martínez creó hace años junto a la bodega Can Morral (Abrera). Xavi Jiménez es quien la defiende como sumiller, en una sala asistida por Raúl Navarro. En cocina, Xavi Romero (a la brasa) y la pastelera Mar Ibáñez (autora de la coca de llardons con pasta de piñones y el xuixo de brioche y crema pastelera) completan el equipo. La ubicación de este nuevo Trü es inmejorable: en la misma cera de La Gormanda, en frente del Dry Martini y a poquísimos metros de templos como Gresca, Bar Topedo y Nairod. Una zona que es ya es uno de los nuevos hubs gastro en Barcelona.
TRÜ. C/ Còrsega, 232, Barcelona. Tel: 932.376.998.
Óscar Álvarez no quería sufrir un periodo de hibernación. Así que, tras la salida del exitoso Mesa Lobo –“por desavenencias con el socio”, nos cuenta- y del cierre por temporada en Begur de Trozo de Oso buscó en Barcelona un local con el que dar salida al restaurante mientras llegué el calor. Estamos en un momento en el que Barcelona ama las barras gastronómicas y esta es una de las más interesantes. El nuevo Barra Oso trae a la calle Muntaner una propuesta de cocina íntima -las incontables velas repartidas por el local son promesa de ese ambiente romántico-, aire industrial y una barra para 10 personas en la que comer divertido.
Entre los entrantes disfrutones, los berberechos con tarama (especie de yogur cremoso hecho con una emulsión de pasta de huevas de pescado en salmuera típico de las cocinas griega y turca), huevas y caviar cítrico y los adictivos pimientos soasados (¡bien ese picantito!) con huevo y salsa gochujang. La serviola (pez limón) que maduran y curan al punto con azúcar y sal y sirven con calabacín encurtido es uno de los hits de la casa. “Traemos ejemplares de 6 kilos y los curamos ahí detrás -señala-“. El despiece de su ventresca a la brasa -untan la superficie con una reducción de soja, mirin, yuzu y crema de huevo- es otro de los platazos que puedes zamparte en un local que mira muy poco el apartado cárnico. El pez, en su zona más grasa, encuentra en el ácido de la salsa y las acelgas crujientes que sirven como base el contrapunto perfecto. El pato -en una generosa ración- con creme fraiche y raifort es nuestro contrapunto cárnico de la visita antes de un flan sideral (ración para dos) con un toffee salado como topping y un side de chantilly de vainilla.
BARRA OSO. C/ de Muntaner, 248, Sarrià-Sant Gervasi, 08021 Barcelona.
Cuando se le vino a las manos la posibilidad de abrir delegación de su exitoso Bar Alegría en Gràcia Tomás Abellán no se lo pensó dos veces. “Las antiguas dueñas del bar que había aquí lo llevaban desde hacía 50 años y querían ya jubilarse. Fue un flechazo”, recuerda. Un apretón de manos en el segundo piso, un altillo ahora abierto tras la pequeña reforma hizo el resto. Han mantenido la barra y ese allure años 70, tipo Velódromo, aunque han tenido que levantar suelos y adecuar canalizaciones. Asientos corridos y sillas de madera con mesitas de mármol blanco y pie de hierro acaban de completar el look. La puerta de vidrio permite ver desde el interior los paseantes de la siempre bulliciosa Torrent de l’Olla.
El nuevo bar Alegría se parece a su compañero de Sant Antoni, pero no tiene terraza: “Allí no tenemos aire acondicionado y aquí sí", sonríe el empresario. En la carta, las mismas alegrías que en la casa madre, pero con mucho más platillo y guiso. No os perdáis el secreto ibérico con salsa a la pimienta negra y espárragos verdes, el canelón, los berberechos al agua de Lourdes, la rusa con gambas al ajillo (bien picantita), los guisantes del Maresme con butifarra negra casera y las alcachofas con romesco rebozadas en harina de garbanzo.
BAR ALEGRÍA GRÀCIA. C/ Torrent de l'olla, 77 Gracia, Barcelona Tel: 930 326 720
El nuevo Hernández es el proyecto con el que Rafa Zafra rinde homenaje al que ha sido jefe de cocina en varios de sus proyectos, incluido Amar: Gonzalo Hernández. Con él dan el salto al extrarradio barcelonés, en concreto, a Sant Boi de Llobregat y le acompaña en la aventura el responsable de pastelería Víctor García, también como socio. Nada más entrar, la decoración ya se presta a esa lectura: vajillas de barro vidriado, servilletas de cuadros tipo Vicky, plantas… un ambiente acogedor y familiar con una gran pared de vidrio que da al Parque de la Muntanyeta. El emplazamiento se prestará a que en verano su terraza se llene y sea más difícil reservar.
Se trata de un restaurante sencillo en el que explota el recetario propio de una masía catalana actualizada como eje vertebrador. Encontraréis entrantes como los buñuelos de crema de bacalao fritos al momento o la ensaladilla de atún Perelló con piparras, platillos “de la huerta” como la alcachofa de Sant Boi o el Trinxat de La Cerdanya con butifarra del Perol y velo de papada ibérica, también un apartado entrañable con los canelones de “la abuela Hernández” o una generosa ración de macarrones estilo Barceloneta (con butifarra y bien de emmental). En el apartado “a fuego lento”, un cap i pota, fideos gordos a la cazuela con costillas, panceta y salchicha o un arroz con pollo pota blava, setas y judías verdes. Hay un peso importante de la brasa, casi toda la carta descansa en las ascuas de ese maravilloso invento que es el Josper: probad el contramuslo de pollo campero y el chuletón de frisona de Girona al kilo. Entre semana, un menú bien armado a 35 euros. Productos locales como las alcachofas de Sant Boi, carnes de Girona y vegetales del cercano Parc Agrari. En tres meses, el cocinero de Sevilla abrirá el restaurante de mayor altura de Barcelona y ya última las instalaciones. Estará ubicado dentro del parque de atracciones del Tibidabo.
HERNÁNDEZ. Ronda de Sant Ramon, 157, 08830 Sant Boi de Llobregat, Barcelona. Tel: 934 52 18 92
Barcelona vive un momento de ebullición de barras gastronómicas. Barra M, el proyecto íntimo de Omar Malpartida, viene a sumarse con una propuesta para apenas diez comensales que reivindica el omakase desde una mirada nikkei profunda. El popular chef hace brillar la técnica japonesa que entrelaza con una despensa peruana vibrante, en un ejercicio de profundidad. Especialmente reseñables los pases de sushi, donde los matices cítricos, los picantes y las salsas construyen un discurso afilado. La parte más peruana del menú emerge con un ceviche de corvina con atún, palmito, leche de tigre de ají charapita, pepino y ají limo, que conecta con esa escena gastronómica limeña —cada vez más diversa— en la que jóvenes cocineros reinterpretan tradición y técnica con soltura admirable. Esa misma sensibilidad se traslada a bocados como el temaki relleno de akami en tartar aderezado con chalaquita de ají charapita —una salsa criolla o encurtido intenso y aromático, típico de la selva peruana—, bañado por fuera con salsa de anguila infusionada con cítricos y yema curada con erizo: un bocado yodado y untuoso, con un mágico punto de picante que lo envuelve todo.
Gusta ver la precisión milimétrica de piezas como el nigiri de carabinero (las partes del crustáceo se infusionan en aceite que emulsionan con pasta de rocoto, con toque de furikake y una sal elaborada con sus propias carcasas) servido con sus cabezas pasadas por la robata con salsa anticuchera. O el nigiri de calamar fresco, cortado con exactitud, servido con un pisto de cangrejo y ají amarillo, cilantro y caldo de cangrejo, que revela una complejidad delicada. La secuencia se amplía con una elegante causa de pimiento del piquillo en forma de empanada, rellena de atún, camarón y erizo, napada con una velouté de su propio jugo y mayonesa de huevo frito y ají amarillo. Ya en el tramo final, gana peso con una melosa costilla cocinada durante 12 horas, servida con demiglace y encurtidos de zapallo loche (calabaza del norte del Perú) con kombu y ají limo. Un recorrido con firma abierto a la experimentación y la sorpresa; una barra que tiene todas las claves para convertirse en un must de la ciudad-.
BARRA M. Carrer de Viladomat, 249, Eixample. Barcelona.
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