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Si hay algo que no puede faltar en Semana Santa, esas son las torrijas. ¿Qué tal si las convertimos en protagonistas de un divertido juego? Desde Guía Repsol os animamos a que hagáis una cata a ciegas de este dulce tradicional. Lo primero, elige cinco obradores de tu ciudad donde puedas seleccionar torrijas más tradicionales o creativas. En Madrid, por ejemplo, puedes probar las de los Soletes de 'La Duquesita' y 'Panod'; o también las de 'Moulin Chocolat' o 'Formentor', entre otras; o en Barcelona, las de 'Turris' o 'Casa Amàlia' son dos buenas opciones para comenzar.
Torrija de pan casero. Foto: David de Luis
La cata puedes organizarla con tu grupo de amigos o tu familia, es un plan súper apetecible para todos, pueden participar desde los niños hasta el abuelo. Antes de empezar, diseña una hoja de cata donde podáis apuntar la valoración de cada aspecto de la torrija: presentación, sabor, textura, consistencia, etc.
Lo ideal es partir en pequeños trozos cada torrija, para degustar todas en su justa medida, y no empacharte con las primeras. ¡Hay que llegar a la quinta! Y quizás tengas que probar otro trozo, para un posible desempate. Otro consejo: no lo hagas para el postre, mejor en horas de merienda. Para identificar la mejor, de damos algunos consejos. ¡Vamos a ello!
Toda torrija se basa en una loncha más o menos gruesa de pan, blanco por lo general. Cuando se pide una torrija en un bar, restaurante o pastelería hay que comprobar que la miga del pan del que está hecha mantenga cierta consistencia, no tanto como para poder levantarla con los dedos de la mano en el aire, pero sí la suficiente como para que su interior humedecido no se haya convertido en una baba.
La jugosidad es clave en una buena torrija. Foto: Jesús Chacón
Esto quiere decir que el pastelero ha elegido el pan adecuado, consistente pero no tanto como los candeales sobados de la península, sin muchos alveolos grandes como los de masas con mucha hidratación y levados lentos, pero sí con algunos pequeños y bien repartidos de modo que permitan la circulación del líquido en el que se embebem, necesarios para que la torrija sea jugosa en el interior.
El batido en el que se haya humedecido la torrija deberá haber llegado al centro del pan que la compone. No es admisible que en el corazón del pan haya una parte de miga sin embeber en el batido que sea, leche sola con azúcar o miel o batido de huevos con leche.
El batido con el que se empapa la torrija tiene que llegar al centro. Foto: Alfredo Cáliz
Si el batido tiene una proporción adecuada de huevo batido y leche, el interior de la torrija será el ideal: una especie de flan embutido en la miga. Entonces el color del centro de una buena torrija será amarillo crema, lo que indica que tiene parte de huevo en el batido en el que se ha humedecido, pero no demasiado como para que se endurezca en la fritura como una tortilla dentro del pan y sea ya incapaz de absorber el líquido en el que se termina, la salsa de miel o azúcar y agua o vino.
La torrija, sea cual sea su forma, el pan del que está hecha y la grasa que se va a utilizar para freírla -aceite, mantequilla o manteca de cerdo- no puede aparecer quemada, con partes demasiado oscuras o con un olor acre por haberse frito en una grasa usada muchas veces, ya requemada. El color exterior debe ser dorado, nunca grisáceo y, en el caso de que después de embebido el pan en el líquido que sea, se ha pasado por huevo batido para a continuación freírlo, se le hayan retirado las barbas muy comunes en los alimentos rebozados en huevo y fritos, que se empapan luego del almíbar final y embarran este y las propias torrijas. También se pueden freir en mantequilla a la plancha y luego caramelizadas en el exterior -sobre todo las que tienen forma de pavés, de adoquines-.
Una torrija debe estar dorada, no quemada. Foto: Manu Mitru
Hoy hay muchas variaciones en las torrijas de restauración, algunas elaboradas con panes tipo briochés, que se amasan con bastante huevo y mantequilla. Para que quede bien en torrija, estas masas briochées no deben ser demasiado suaves ni demasiado aireadas. Si la forma habitual de estas torrija no tiene consistencia ya en el plato una vez bañado el adoquín o pavé, es porque no está bien elegido el tipo de pan para este fin. No puede ser tan sutil como para que no soporte el líquido del baño y luego la fritura, sea en aceite o en mantequilla. Casi siempre mejor a la plancha que sumergida en la grasa.
Hay quien aporta textura sopleteando las torrijas de brioche. Foto: Garikoitz Díaz
Todas las torrijas, las tradicionales de rodaja de pan como las de panes tipo briochés, tienen que tener consistencia cremosa en la boca, pero que no sean una papilla. Por el contrario no pueden ser tan compactas para que presenten resistencia algodonosa al mordisco y poca jugosidad interior.
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