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El 'Tancat de Codorniu' es uno de esos lugares que parece creado para superar cualquier cosa. Una mezcla entre refugio y oasis, alejado de los vaivenes de la civilización. Este gigantesco hotel de más de 40.000 metros cuadrados, a diez minutos de la playa, sigue siendo una apuesta segura: "el espacio es una de nuestras grandes virtudes". Lo cuenta Ángelo Llasera, que gestiona un lugar en el que se mezclan dos piscinas, miles de naranjos, un magnífico restaurante, un montón de hamacas y 18 habitaciones tan bien equipadas, que en realidad el huésped no tendría ninguna necesidad de salir nunca de allí: ni siquiera por los naranjos, las hamacas y las piscinas.
"Solo tenemos ocho habitaciones porque ese es el modelo que nos gusta: son estancias muy grandes, tienen hidromasaje, sitio de sobra para una familia, algunas tienen sauna. Es un modelo que podemos aplicar aquí y está pensado para que estés a gusto tanto dentro como fuera", explica Llasera. La historia familiar es bastante sencilla: su padre, arquitecto, pasó un día por la propiedad y decidió que podía ser una buena inversión. Su hijo, Ángelo, estudiaba Turismo y se unió al proyecto tal como acabó su carrera. "El sitio se llama el 'Tancat de Codorniu' –tancat significa vallado– por culpa de Alfonso XII. El rey vio el lugar, se encariñó de él y se lo quedó. Luego pensó que estaría bien poner unos muros, porque al fin y al cabo el sitio era suyo. Así quedó la cosa hasta que cambió de manos", explica el dueño del establecimiento.
La finca donde se ubica el hotel está rodeada de naranjos. Foto: Xavier Torres-Bacchetta
La propiedad queda en la población de Les Cases d’Alcanar, en medio de lo que llaman "el oasis tarraconense", un rincón tranquilo cerca –a un tiempo– de la costa, que goza de lo mejor del Delta del Ebro (a tiro de piedra) y de la excelente gastronomía del interior. A pocos kilómetros, el amante del buen comer tiene, por ejemplo, 'L’Antic Molí' (1 Sol Guía Repsol) y 'Les Moles' (2 Soles Guía Repsol), así que, si había alguna excusa para no visitar la zona, debería estar ya liquidada.
Para los que deseen visitar la zona, más allá de la comentada paz (en términos absolutos, no se oyen voces, ni tráfico, ni nada que no sean pájaros dedicados a la procrastinación. "Lo que ofrecemos aquí es una pausa. Vienes aquí, te instalas, y al cabo de unos minutos ya has olvidado todo. Los hoteles urbanos están conectados a la ciudad de un modo constante. Sales a la calle y ahí la tienes; el 'Tancat' es como un pequeño pueblo. Si quieres, puedes salir y en cinco minutos tienes la Parroquia de Sant Miquel y la Ermita del Remei, que son dos atracciones locales de Alcanar que vale la pena visitar. Pero también puedes quedarte en nuestra casa, tumbarte en una hamaca y olvidarte del mundo", cuenta Llasera.
Las habitaciones del lugar son algo que vale la pena destacar: todas son tamaño suite, algunas disponen de espacios dobles, para que si uno decide llevarse a toda la familia no pierda ni un centímetro de intimidad. Algunas están a dos metros de la piscina; otras a cinco del restaurante. Todas tienen bañera de hidromasaje, algunas además incorporan una sauna para tres personas. Las camas son lo que en términos anglosajones llamamos king size y todo está mimado hasta el último detalle. Cosas de ser un hotel "pequeño" en un enclave gigantesco.
El desayuno es igual de generoso y el bufé sigue siendo un banquete. Por supuesto, no hace falta decirlo, el zumo de naranja es maravilloso. Habitual si uno es de la zona, sorprendente si uno llega de la gran ciudad: sabe a naranja.
La última clave del 'Tancat' es su cocina. Y es que, además de un alojamiento de altura, acoge el restaurante gastronómico Citrus del Tancat que, con el cocinero Aitor Lopez al frente, recibió 1 Sol Guía Repsol en 2024. Con creatividad y coherencia, aquí se interpreta el Delta del Ebro a través de tres tipos diferentes de menús degustación: el Lo Canar, en referencia al barrio de Ulldecona del que surgió Alcanar: el Montsià, por la comarca en la que se encuentra; y el Sol de riu, que es el nombre de la frontera entre Cataluña y la Comunidad Valenciana en la desembocadura del Ebro.
Además del plato fuerte del complejo, hay otra opción más cercana para comer sin salir del hotel: en el restaurante Arròs i Brases, dentro de la zona de eventos Els Jardins del Tancat, se elabora un menú diario alrededor de diferentes arroces para degustar bajo las majestuosas palmeras.
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