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Park Güell

Barcelona, Barcelona

La aventura comienza con el encuentro con el dragón. Ahí sigue, inmóvil, contemplando el paso del tiempo. En la bella escalinata, aparece esta típica escultura de cerámica de colores que se ha convertido en el emblema del parque más singular de la ciudad de Barcelona. Sus ojos vigilan los pabellones de entrada, que simulan la arquitectura de los sueños. Una vez dejados atrás, aparece la sala de columnas Hipóstila que sostiene al Teatro Griego (Plaza de la Naturaleza), antiguamente llamado así por las celebraciones al aire libre que se realizaban. Allí se encuentra el que posiblemente sea el mejor banco de la ciudad. Es ondulado, predominan las curvas, actúa como barandilla y fue obra de Jujol. Con una extensión de 15 hectáreas, el parque pretendía recrear una ciudad jardín al estilo británico. Sin embargo, de esa original urbanización únicamente se construyeron dos viviendas: la Casa Museo de Gaudí (que no proyectó este genio universal pese a que vivió en ella) donde se muestran algunos de sus objetos personales, y la del abogado Martí Trias i Domenech. La visita a este espacio soñado se completa con el Pórtico de la Lavandera, cuyas columnas adoptan forma de olas; los jardines de Austria, nombrados así porque precisamente ese país donó los árboles; el MUHBA (Museu d’Història de Barcelona – Park Güell) que alberga planos, maquetas y fotografías del proyecto del parque y El Calvario que puede considerarse como el mejor mirador. El Park Güell es un espacio onírico vigilado por un dragón que hoy permanece dormido, pero que seguramente algún día abrirá los ojos para soñar.  

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