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Port Vell

Barcelona, Barcelona

No es una locura llegar al Port Vell en una “golondrina”. Por supuesto, no se refiere al pájaro de pico negro, alas puntiagudas y cola larga. No vuela, navega. Así es como se llaman estos tradicionales barcos de madera de dos plantas. Si el puerto fuera un cómic, en la primera viñeta el protagonista surcaría las tranquilas aguas en un recorrido por la fachada marítima de Barcelona. Las pequeñas olas no le impedirían atracar. Luego, vendrían más dibujos. Por ejemplo, tras respirar el profundo aroma salado, el ilustrador describiría en uno de los bocadillos el esplendor de las dársenas, que recuerdan cada segundo la importancia marítima de la ciudad. Bajo la atenta mirada del almirante Colón, situado en la cúspide del monumento realizado en su honor, se retrataría uno de los mayores templos de la vida marina: el acuario de Barcelona (L’Aquàrium). Orcas, tiburones o rayas forman parte de las más de 11.000 piezas de animales con las que esta cuenta. La aventura pintada con tinta en hojas de papel continuaría en los aledaños de un famoso centro de compras (el Maremagnum). Allí, se puede hacer tiempo antes de comer y degustar platos exquisitos con un espíritu relajante de mar. Con la caída de sol y avanzando por la Historia, habría que acercarse a los mercadillos de artesanía y de pintura. El sinónimo puro del tebeo en el Port Vell es la escultura de la "cara de Barcelona". Como si fuera un cómic dentro de otro, la obra de Roy Lichtenstein, de estilo pop art, nos sitúa en el interior de una viñeta entre onomatopeyas de asombro. Pasamos página para llegar al final. Primero, el personaje llegó en barco, se marchará en teleférico. Allí, iniciará un viaje por las alturas a más de 70 metros hasta Montjuïc. Definitivamente, el Port Vell es un puerto donde tienen cabida todos los mares del mundo.

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